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Comentarios, opiniones, crónicas y críticas en la vida de un ser humano que escribe. O algo así, que suene como interesante, si eso...

lunes, 8 de mayo de 2006

La semana de las películas inconclusas (o no)

La semana pasada vi un montón de películas...

Hay veces que, aunque lo intente, no logro encontrar un sólo momento para ir rebajando esa montaña de DVDs que cada mañana me observan desde los estantes de mi habitación. Son un montón de películas que, medio compulsivamente, compro en sitios tipo FNAC o Media Market aprovechando su bajo precio y mi interés por los títulos.

Todo empezó el jueves, cuando, armado de valor y tres horas libres, me dispuse a ver "Hasta que llegó su hora" (Once Upon a Time in the West), de Sergio Leone. La disfruté como suelo disfrutar los westerns de Serio Leone, pero con ese "algo más" que tiene este peliculón de, como dice el director, "hombres y mujeres con pelotas". Me dió la testosterona poética, qué le vamos a hacer.
En la película el final es, como siempre, de muerte y "heroe" alejándose a caballo. Sólo que este "heroe" no era tal. Era la muerte en persona. Y el final no era sólo el de la película. Era el de una época, el de una era. El de unos hombres. Una raza, que diría Leone.

Después cogí un autobús a Bilbao y allí me ofrecieron otras dos películas. "La Última Fortaleza", con Robert Redford (lo siento, no recuerdo al director ni al guionista) y "Deuda de Sangre", con (y por) Clint Eastwood.

La primera ("La última Fortaleza") era una mezcla de géneros: carcelario y militar. Más testosterona militarufa pero aquí sí, con un heroe con mayúsculas (en arquetipo). Vale. Aquí también vemos morir a un tipo de hombres que ya no quedan.

La segunda ("Deuda de Sangre") , película de detective al borde del retiro que debe descubrir el caso de su vida, un asesino en serie con mensajes tipo "El Enigma" en los cómics de Batman. Al final, como siempre, mil pistas falsas llevan a (de potra) una correcta y se precipita el final donde el malo muere por malo. Me esperaba más de Clint.
A la vuelta me obsequiaron con "Spiderman" (aquí sí hay heroe) y con una desconocida (por mi) película: "La Versión Browning" (De Mike Figgis). El director ya no era desconocido (Leaving Las Vegas, Después de una noche). La película trata de un severo profesor de lenguas muertas en un colegio-internado británico que se da cuenta de que ha fracasado en su intento. Y punto.

El sábado alquilamos una película de Jim Jarmusch, "Flores Rotas", que trata de la vida de un personaje interpretado por Bill Murray que recibe una carta en la que se le comunica que tiene un hijo de 19 años de alguna de sus múltiples conquistas a lo largo de su vida. Y se replantea su vida. Su fracaso. Y punto.

Diréis, qué pesado el tío este que nos cuenta sus películas. Pues sí. Pero es que me han llamado la atención estas dos últimas que os he contado. Historias de dos fracasos, humanos, cercanos, reconocibles, pero que no encuentran solución en la película. No hay un malo. No hay un heroe. No hay un final felíz, ni un final triste, ni malo. No hay un final, directamente. Porque apelan a la identificación. Porque son personas e historias que, realmente, considero cercanas. Y porque no tiene por qué haberlo. El final lo ponemos nosotros. O no existe un final... porque no todas las historias lo tienen. El guionista ha elegido ese fragmento de esa macro-historia porque es lo necesario para transmitir su idea y punto.

No descubro nada nuevo, pero me atrae mucho este cine en el que no hay que empeñarse en la puñetera secuencia de resolución final de la película, a veces tramposa, en la que el espectador puede decidir si le ha gustado o no. Es tu final. Y a veces me descubro pensando ¿ha acabado bien? ¿ha acabado mal? ¿y ahora qué?. Y me encanta.

Sí, día denso... ya habrá más ligereza en próximos posts, qué le vamos a hacer!

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